
Huelva, Agosto 2007
Me encantan los parajes industriales. A pesar de los pesares. Me gustan por su estética. Sí, estética. Y porque sorprenden las intrincadas y sofisticadas estructuras que el hombre es capaz de construir.
En este caso, además, saco partido de "lo feo" o "lo malo", del reverso de la riqueza y el progreso. Capto un momento ¿bello? -al menos muy plástico- del proceso contaminante.